Si miramos una lista de los principales directores generales del mundo, casi todos son hombres. Si nos fijamos en EE.UU., nunca ha habido una mujer presidenta, aunque ha habido mujeres estadistas a la cabeza de muchos otros países durante muchos años. ¿Por qué ocurre esto?

No es simplemente una cuestión de género; es una cuestión de energía masculina frente a la femenina. La energía masculina está muy orientada a la acción, conduce con fuerza y no permite que haya más de una forma de hacer o ver las cosas. La energía femenina, en cambio, es muy creativa, fluida y permite otros enfoques y puntos de vista.

Tanto los hombres como las mujeres poseen energías masculinas y femeninas. No tiene nada que ver con la orientación sexual y sí con la acción y la comunicación. El yin y el yang, Shakti y Shiva, las energías femenina y masculina, se han considerado diferentes durante miles de años, y el objetivo ha sido equilibrarlas para mantener la armonía.

Hay varias formas de utilizar tu energía femenina en el lugar de trabajo sin parecer demasiado «débil» o «femenina».

Un lugar de trabajo armonioso

La actitud de la mayoría de las empresas es «seguir como si nada»; una actitud que se impone a los trabajadores sin importar la realidad de la situación y la economía. Se desalientan las emociones, se fomenta la acción, y cualquier voz de aparente disidencia se desprecia o se elimina mediante despidos.

Pero los trabajadores son seres humanos, no hechos humanos. También se disgustarán y abandonarán una empresa en la que sientan que no se les valora como personas. Las mujeres suelen ser las que más trabajan, incluso en las circunstancias más duras, y también marcan la pauta. Las mujeres se sienten más cómodas con las emociones fuertes que los hombres y, por lo tanto, pueden expresarlas de forma positiva, resolviendo los problemas, y no se desbocan e intimidan a los demás como lo hacen algunos directivos masculinos.

Un espacio de trabajo creativo

La energía femenina también conduce a una mayor creatividad, algo que no suele fomentarse en las empresas, donde la gente sólo quiere terminar el trabajo e irse a casa. «Me pregunto qué pasaría si» no es una frase peligrosa en un entorno de trabajo de naturaleza femenina, y ahí es donde pueden empezar la verdadera innovación y los logros.

Liderazgo y tutoría enriquecedores

El liderazgo femenino tiende a ser más enriquecedor, como una relación de mentor y discípulo. Fíjate en el número de mujeres que se dedican a la educación y trabajan como profesoras. Sin embargo, la mayoría de los puestos administrativos, como los de director y decano, son para los hombres. Las mujeres valoran la conexión y fomentan el crecimiento personal en el lugar de trabajo. Entienden el valor del trabajo en equipo, no el enfoque del «lobo solitario».

Las mujeres también pueden pasar de la energía masculina a la femenina con más facilidad. Es estupendo recibir aportaciones sobre un nuevo proyecto, pero también es esencial cumplir los plazos.

Las mujeres empresarias no deben hacer apología de su energía femenina ni tratar de «ser hombres». Por el contrario, deben aceptar las diferencias y estudiar los mejores momentos para pasar de un tipo de energía a otro, con el fin de dirigir su negocio con eficacia.